Historia de la Casa Roja
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A principios de los años 70 la fotógrafa Sandra Eleta empieza a vivir en La Casa Roja, frente a la histórica Bahía de Portobelo, la cual hereda de Dorcy, un cuidador de las tierras de su abuelo en esa región. A él Dorcy le salva la vida tras un accidente que sufrió, haciéndole un torniquete y remando todo un día hasta llevarlo a la ciudad Puerto de Colón, en la entrada atlántica del Canal, para recibir cuidados. El padre de Sandra la llevaba desde niña a esta finca, y tras conocer al cuidador, Dorcy disfrutaba el contarle con gran orgullo esta anécdota mientras la sentaba en su mecedora favorita, cantándole en francés, pues él era oriundo de las Islas Vírgenes Francesas.

La llegada a Portobelo en ese entonces, cuenta Sandra, “¡Estaba llena de misterios! Teníamos que atravesar caminos de una selva densa, casi nunca visitados por los habitantes de las costas pacíficas. El Caribe panameño era un místico y mágico misterio.” Así lo percibió aquella niña de 8 años al ser llevada por su padre por primera vez a Portobelo.

Muchos años después de este incidente empieza esta historia, la cual la fotógrafa describe como “inevitable”. Ella cuenta que “al entrar por la puerta de esta casa sentí por primera vez una inexplicable pertenencia; mi vida se detuvo suspendida en este encanto… empecé a fotografiar como en anotaciones de un diario íntimo a los niños que fueron mis primeros amigos, mis guías, e iniciadores en esta experiencia única que cambio mi vida por completo. 

“Unas de las primeras imágenes que también me cautivó cuando llegué al pueblo fue la de una colcha de retazos que vibraba al viento con sus colores vivos, colgada de la rama de un árbol. Me hablaba de un lejano aroma africano que las abuelas recordaban sin saberlo. Pensé que había que retomar esta historia, y así eventualmente surge una Cooperativa de Mujeres que recreaban los laberintos de estas tradiciones con sus colores e imágenes, convirtiéndose también estos diseños en ‘batilongos’ o vestidos de herencia africana, guiados de las manos del poeta y artista Juan Dalvera y sus extraordinarios diseños. Este gran artista vivió y compartió con esta comunidad varios años.